ANEXOS:

Las interacciones de las ruedas resultan naturales -al menos yo lo creo así- porque, en muchos aspectos, se asemejan a lo que estamos acostumbrados a experimentar en nuestras relaciones macroscópicas con la naturaleza. Las dinámicas del nuevo éter, el campo H, son equivalentes a las de los fluidos. Todos hemos experimentado o, al menos, hemos visto imágenes de: tormentas y ciclones; remolinos en océanos, mares y ríos; o, simplemente, cómo gira el agua en el lavabo de casa al quitar el tapón. Todos son vórtices y sabemos o, al menos intuimos, el poder de la absorción y el empuje que pueden llegar a generar. También estamos habituados a tratar con la electricidad y el magnetismo. Pero las sinergias del electromagnetismo y la cromodinámica, en el interior de la rueda, y la naturaleza del fotón, no resultan tan cercanas. Serán, probablemente, lo más discutido, lo que generará más controversia de este modelo, a pesar de su simplicidad conceptual. Pero eso no tiene por qué ser negativo, muy al contrario, habremos superado el nivel atómico y el de sus componentes, para centrarnos en el nivel del análisis de estructuras giroscópicas de quarks y en sus interacciones con los fotones. Lo que supondrá un enorme paso adelante. También nos preguntaremos por la naturaleza de algunos bosones, si son estos los constituyentes últimos y si forman subestructuras en el interior de los quarks. Cada respuesta nos llevará a nuevas preguntas, pero habrá que ir paso a paso.

En las dos siguientes partes del documento abordaremos algunas de estas cuestiones, iniciando los análisis de las primeras estructuras de quarks porque, como ya adelanté, al principio de la exposición sobre la evolución de la materia, será necesario justificar lo especulado sobre sus cualidades. Para ello utilizaré la geometría, que es una rama de las matemáticas que se ocupa del estudio de las propiedades de las figuras en el plano o en el espacio, y también usaré unas novedosas matemáticas, muy simples, cuya lógica se basa en la fractalidad. Por tanto, sirven para el estudio de lo más grande y de lo más pequeño, porque no se pueden generar infinitos con ellas. Se llaman “Vortex Based Mathematics”, VBM o Matemáticas Vorticiales; y, según ha explicado su creador, Marko Rodin, están avaladas por inventos funcionales que ha desarrollado basándose en ellas, como son: las bobinas supereficientes (empleadas por grandes empresas multinacionales de la computación) y las antenas supersensibles (usadas por el gobierno estadounidense para la defensa de su territorio).

 

Anexos I:

Las Matemáticas Vorticiales de Marko Rodin

 

Es muy posible que ésta sea la primera vez que el lector tenga conocimiento de su existencia porque las VBM no han encontrado muchos usuarios en la comunidad científica; talvez esté relacionado con el hecho de que Rodin, en sus exposiciones, muestra un lado extravagante al hacer ejercicios de paralelismo entre lo físico y lo simbólico. Mezcla la ciencia con el misticismo y eso le resta credibilidad. Yo me quedo únicamente con la genialidad de su parte científica y he apostado por las VBM, al incorporarlas en esta teoría, porque la idea de que una matemática básica defina las cualidades que expliquen las interacciones iniciales, me resulta obvia.

Estas matemáticas se basan en el estudio de los patrones numéricos cíclicos que aparecen cuando se hacen operaciones con las matemáticas convencionales y luego se reducen sus resultados a números entre el 1 y el 9. A continuación, veremos un ejemplo con el que entenderemos esta forma de proceder. Tomaremos parte de la serie numérica resultante de multiplicar por dos y después la reduciremos, sumando sus términos cuantas veces sean necesarias, hasta obtener uno solo.

Cada número destacado en granate es el resultado de reducir los términos del número de partida, procediendo como se muestra en la primera columna.

1 = 1 4,096 = 1 16,777,216 = 1
2 = 2 8,192 = 2 33,554,432 = 2
4 = 4 16,384 = 4 67,108,864 = 4
8 = 8 32,768 = 8 134,217,728 = 8
16 = 1+6 = 7 65,536 = 7 268,435,456 = 7
32 = 3+2 = 5 131,072 = 5 536,870,912 = 5
64 = 6+4 = 10 = 1+0 = 1 262,144 = 1 1,073,741,824 = 1
128 = 1+2+8 = 11 = 1+1= 2 524,288 = 2 2,147,483,648 = 2
256 = 2+5+6= 13 = 1+3 = 4 1,048,576 = 4 4,294,967,296 = 4
512 = 5+1+2 = 8 2,097,152 = 8 8,589,934,592 = 8
1,024 = 1+0+2+4 = 7 4,194,304 = 7 17,179,869,184= 7
2,048 = 2+0+4+8 = 14 = 1+4 = 5 8,388,608 = 5 etc.

Observamos cómo los números 1,2,4,8,7,5 se repite indefinidamente. Estos patrones cíclicos son la base sobre la que Marko Rodin ideó un esquema para analizar y valorar sus cualidades. Se trata de una circunferencia sobre la que él reparte los números del 1 al 9, en tramos iguales, siguiendo el sentido de las agujas del reloj a la que añade una forma poligonal que conecta los números en el mismo orden que las series numéricas deducidas, excepto el 3, 6 y 9 que se unen en una línea poligonal abierta. Funciona bien, pero en el esquema no se exhibe la polaridad, que es una cualidad esencial, y hay que tenerla en cuenta de forma independiente. Rodin indica que en realidad son 18 números, 9 positivos y 9 negativos, ya que la polaridad se va alternando. Esto coincide plenamente con la primera hipótesis de esta teoría de ruedas, sobre el número de quarks que forman las primeras estructuras bidimensionales, que se puede deducir de manera independiente, sin tener en cuenta estas matemáticas. Por eso, cuando supe del esquema de Rodin, me pareció que debía ser complementado para añadirle la polaridad, incluyendo los 18 números; así que le di simetría (ver la figura II-3a) y lo apliqué a los anillos de quarks recién formados (figura I-1), cuyos 18 quarks, están distribuidos en posiciones alternas. Me explico: cuando se forma uno de estos anillos de quarks, el movimiento de los bosones en su interior hace que las cualidades del conjunto se fijen en ciertos valores numéricos que quedan distribuidos a lo largo de su circunferencia. Los bosones con carga eléctrica positiva se mueven entre los quarks en sentido contrario a los que tienen carga negativa y, conforme van saturando las posiciones más al norte y más al sur, se reparten los huecos disponibles a lo largo del resto del anillo. El resultado es una distribución lógica de los bosones, representada por ciertos valores numéricos que, más adelante, nos permitirán entender cómo se mantiene la integridad de las estructuras y la forma en que las dinámicas de los fotones y de las ruedas se complementan. Porque estos números sirven para valorar, tanto las cualidades electrodinámicas, como las cromodinámicas, pero es el fotón (formación toroidal del campo H con alternancia electromagnética) el que induce la rotación de los bosones con carga eléctrica de la rueda, sincronizando con estos la información de sus propios valores numéricos, de forma analógica. Para que se produzca esta sincronización es preciso que los valores queden establecidos, de manera clara, desde la formación de los copos. Por tanto, si consideramos el modelo cosmológico y el esquema ampliado de las VBM, que está especialmente concebido para el entendimiento de la dinámica de los procesos cíclicos que desarrollan formas toroidales (como la de los fotones), los anillos que se forman con la orientación del campo magnético del semiespacio sur y que luego sobreviven como materia ordinaria, tienen el máximo valor positivo (+9) en el quark situado más al norte y el máximo valor negativo (-9) en el quark situado más al sur. Siguiendo el sentido de las agujas del reloj se distribuyen los valores del +1 al +8 entre los positivos, como hace Rodin, y los valores del -1 al -8 en sentido antihorario. Aunque, en realidad, el sentido horario o antihorario de los positivos y negativos es irrelevante, lo importante es numerarlos en sentidos opuestos; porque, si nos damos cuenta, el anillo puede verse desde una cara o desde la contraria.

 

Figura I-1
Figura I-1

Con estas matemáticas también se generan grupos de números con cualidades diversas, como por ejemplo las familias numéricas: [3,6,9], [1,4,7] y [2,5,8]; con las que se pueden definir triángulos equiláteros en las estructuras de quarks, cuyo análisis abordaremos en el siguiente anexo, para poner de manifiesto la importancia de la distribución coherente de las cargas de color. Otro ejemplo son las familias numéricas: [1,8], [2,7], [3,6] y [4,5]; en las cuales se observa la existencia de simetría entre las dos secuencias numéricas generadas con los múltiplos de cada número del par. Así los múltiplos del número 1 y el número 8 son [1,2,3,4,5,6,7,8] y [8,7,6,5,4,3,2,1] respectivamente. La serie de multiplicación de la pareja 2 y 7 es: [2,4,6,8,1,3,5,7] y [7,5,3,1,8,6,4,2]. Los múltiplos de 3 son [3,6,9,3,6,9,3,6] y los múltiplos de 6 son [6,3,9,6,3,9,6,3]. Y, los del 4 son [4,8,3,7,2,6,1,5] y los del 5 son [5,1,6,2,7,3,8,4].  Es decir, si se toman los múltiplos de 4, se verá que son los mismos que los múltiplos de 5, pero leídos en dirección opuesta. Si nos fijamos la suma de cada una de estas parejas da 9 y los múltiplos de 9 siempre suman 9. Lo que en palabras del propio Rodin, se interpreta como:

Marko Rodin
Marko Rodin

«La naturaleza se expresa a si misma con los números. La simetría de nuestro sistema decimal es un principio de la naturaleza. El eje 9 crea el circuito de duplicación y es a través de este punto donde la materia converge y se separa o se expande. Así, los números de pares polares son espejos entre si, ambos fluyendo en direcciones opuestas desde el eje central.»

Algunos dirán que son las palabras de un excéntrico, pero no se le puede negar la genialidad del descubrimiento de estas, y otras, cualidades numéricas de las VBM; porque esta simetría es de especial importancia a la hora de describir dinámicas toroidales que generan vórtices, que giran en sentido opuesto y que confluyen en una singularidad, donde encontramos el valor 0 (la ausencia de cualidad). Recordemos que en el apartado del modelo cosmológico, con argumentos distintos e independientes, dijimos que en la singularidad se da la “falta de gravedad” y que las partículas en esas condiciones son asintóticas.

Estoy convencido de que este tipo de patrones numéricos cíclicos tienen una explicación sencilla en la aritmética al uso, sin embargo, también creo que esta forma de reducción a lo más simple es aprovechada por la naturaleza para generar sus dinámicas en lo más pequeño y que, por fractalismo, llega a lo mas grande; pues, con anterioridad a la creación de estas matemáticas, se han descrito situaciones en las que ciertas mediciones, realizadas sobre algún aspecto de la naturaleza, se pueden reducir a los primeros números naturales; lo que no deja de ser, al menos, curioso. Un ejemplo de esto sería lo que se conoce como “ley de Bode”, esto es:

Imagen de Aeddub~commonswiki
Imagen de Aeddub~commonswiki
Johann Daniel Titius
Johann Daniel Titius

“En 1766, el astrónomo Johann Titius descubrió una simple fórmula empírica con la que se puede predecir la posición de los planetas del Sistema Solar asignando un número a cada uno de ellos: para Mercurio, el 0; para Venus, el 3; para la Tierra, el 6; Marte es el 12… Esto es, a partir de Venus el siguiente número de la serie es el doble del anterior. La distancia, en unidades astronómicas, se calcula sumando cuatro al valor correspondiente al planeta y luego dividiéndola por diez. La Tierra se encuentra a una unidad astronómica de nuestra estrella: 6+4=10; 10/10=1. ¿Por qué la distancia de los planetas al Sol sigue una regla tan simple?”*

(*)    Cita del artículo “Universos paralelos”, de Miguel Ángel Sabadell,  publicado en el nº 404 de la revista Muy Interesante de enero de 2015

Son cuestiones como estas las que me llevan a considerar acertada la elección de las VBM para la descripción de las primeras estructuras de quarks; porque, con su sencillez, han inspirado el entendimiento de las primeras fases de la evolución de la materia; por lo que no ahorraré elogios y agradecimientos a Marko Rodin por haber puesto las VBM a disposición de todo el mundo, de manera desinteresada. De modo que todo aquel que desee familiarizarse con estas matemáticas, puede visitar su página Web: http://rense.com/rodinaerodynamics.htm

 

Anexo II:

Análisis geométrico y matemático del copo, la rueda y el fotón

(Esta parte se muestra en el formato PDF original porque contiene varios gráficos)

 

paginas-desdeteoria-de-ruedas-anexo-ii-v43

 

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